EL EQUIPO

CARME RIBAS

La pequeña de la casa

Vivo en Castelló d’Empúries, de siempre, un pueblo del Empordà que ha quedado a resguardo de las grandes masas de turistas, rodeado de campos más que de playa.

Vivir en este entorno me ha hecho crecer entre masías, casas medianeras antiguas, lonjas y pajares. La tradición constructiva catalana ha sido el pan de cada día de mis ojos, y ver cómo estas construcciones se vuelven a levantar para acoger vida es una fuente constante de inspiración.

Para mí, la tradición no es algo del pasado, momificada para ser admirada o estudiada sin más, sino un legado vivo, un vínculo con las vidas que hemos compartido como comunidad. Nos explica de dónde venimos y hacia dónde podemos ir. También es una fuente de conocimiento que, si se olvida, se pierde.
Por eso, en la arquitectura pongo la mirada en el pasado: para recuperar técnicas que nos conectan con la memoria del territorio y, a la vez, renovarlas con todo lo que la tecnología nos ha permitido aprender y hacer.

Soy una persona muy creativa y, a la vez, muy metódica: una dicotomía en movimiento. Según los míos, “el punto justo entre sensatez y arrebato”. Y la arquitectura es también eso, una unión entre la técnica constructiva y el diseño.

Creo que la arquitectura reúne lo mejor de la creatividad y del rigor, y es una de las cosas más esenciales en la vida: todos necesitamos un lugar para habitar. Incluso los animales hacen madrigueras, nidos… Los humanos, igual. Desde siempre hemos creado espacios para vivir, para levantarnos cada día con un propósito, con sueños y con vínculos.

Filosofía de Vida

Mis cimientos son la responsabilidad, el rigor, la metodología, el amor por la técnica bien hecha y por los detalles; la serenidad ante los grandes proyectos, la concentración sostenida durante meses en una misma construcción, la habilidad de imaginar espacios que aún no existen y la pasión por mi trabajo.

Para ser una buena arquitecta, hay que amar profundamente lo que haces, porque a menudo implica muchas horas sin resultados concretos visibles, pero en las que hay que tener claras las ideas. La cabeza debe adelantarse a futuros problemas y situaciones, y hacerlo siempre con creatividad y espíritu resolutivo.

En la primera planta encontramos la cara más social de lapetita: la empatía con las familias que llegan al estudio con el sueño de su casa. También está mi escucha atenta y la manera de entender las casas como organismos vivos, en constante transformación a medida que la familia evoluciona. Me interesa especialmente la etapa infantil y cómo diseñar hogares que favorezcan el juego, la curiosidad y la creatividad de los niños, que sean seguros y, a la vez, adaptables a su crecimiento.

En el estudio-altillo está mi sala de juegos de ideas, donde la espontaneidad creativa se divierte probando, imaginando, creando… Es la chispa de color y alegría que da vida a mi día a día.

LO QUE NOS MUEVE

Mi formación

Fundamentos y experiencia

En lapetita, pensamos a lo grande

Sumamos para llegar más lejos

Sabemos que una sola persona no puede llegar a todo, y que ser pequeño o grande es una cuestión relativa.

Por eso, en lapetita, trabajamos en cooperación y colaboración con profesionales de diversos ámbitos para sacar adelante los proyectos tan bonitos que nos llegan al estudio y conseguir unos resultados ‘estupendos’ (como decimos en el Empordà).

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Envíanos tus dudas o tu propuesta, y nos encontramos y hablamos. Todas las buenas ideas nacen de una conversación.

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